Los lectores escriben sobre la responsabilidad de los cargos políticos, la sobreprotección parental, el uso de anglicismos, y la tauromaquia

De niña, mi madre decía “perdona, pero aguanta” cuando yo pedía perdón y volvía a hacer lo mismo. Hoy la política hace igual: disculpa rápida, continuidad absoluta. Los políticos nos piden perdón como quien cambia una bombilla mientras el edificio se derrumba. Y lo peor: ya ni esperan que nos enfademos. La impunidad se volvió rutina; la rabia, un lujo malgastado. La responsabilidad se ha convertido en trámite. Se piden disculpas por daños que tienen víctimas, pero nunca culpables. Se abre una comisión que no comisiona nada y se esperan 72 horas a que el algoritmo pase página. Una política a la altura del siglo XXI empieza donde terminan los eufemismos: en la reparación. Decir “asumo” debería significar devolver lo roto: contratos, servicios, confianza. Sin consecuencias, el perdón es coartada. Yo no quiero más disculpas de teflón. Quiero que duela donde deba doler y repare donde deba sanar: responsabilidades reales y dignidad pública. La democracia no se sostiene con excusas, sino con verdad y cuidado. Lo demás es ruido.

Elsa Arnaiz Chico. Madrid