Comenzar a moverse tras años de sedentarismo puede parecer abrumador. Es fundamental establecer metas realistas, contar con asesoramiento en la etapa inicial y evitar excederse en la intensidad del ejercicio para evitar lesiones
Casi una tercera parte de la población global corre el riesgo de enfermarse por falta de actividad física, según la Organización Mundial de la Salud. El sedentarismo es un factor de riesgo por sí mismo, al provocar alteraciones cardiovasculares, metabólicas e incluso neurológicas. España no es la excepción:
rel="" data-link-track-dtm="">11 millones de personas reconocen que no practican ejercicio durante los ratos libres, una tendencia que ha ido creciendo de manera paulatina pero constante en las últimas décadas.
Es cierto que volver a moverse después de años de sedentarismo e inactividad puede parecer abrumador. El estilo de vida actual y las horas que suele pasar un trabajador frente a un ordenador tampoco ayudan demasiado. Así, muchas personas afrontan el mismo reto: recuperar su salud física sin saber por dónde empezar.
No importa lo pequeño que sea el primer paso, lo fundamental es darlo. Gonzalo Correa, médico especialista en medicina de la educación física y el deporte, explica que una de las señales más evidentes de que una persona necesita comenzar a moverse más es la dificultad para realizar actividades cotidianas “como subir escaleras, cargar bolsas de la compra, caminar unos minutos sin fatigar. También lo son los cambios en la composición corporal, sobrepeso con aumento de tejido adiposo”. Para Correa, que también es vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED), otro indicador es el dolor de espalda, que puede manifestarse como un dolor cervical o lumbar sin un evento asociado —como una caída— y suele aparecer cada cierto tiempo.







