Cassandra Peterson repasa en sus memorias su trayectoria en un Hollywood que no perdona la diferencia y recuerda que Halloween era una cosa de niños hasta que apareció ella

Cuando en 1986 Coors eligió a Elvira como imagen de la marca, encumbrándola como una de las primeras mujeres en patrocinar una cerveza, The Wall Street Journal sentenció: “Halloween, que en otro tiempo fue una fiesta para niños vestidos de piratas y princesas, ahora rivaliza con el Día de San Patricio y con Nochevieja como evento festivo para los adultos. Échenle la culpa a Elvira”. No se equivocaban. Lo que nadie imaginó entonces, ni siquiera Cassandra Peterson, la actriz detrás del personaje, fue que aquella vampiresa que dinamitó el mito de la femme fatale con chistes malos y una imagen tan hipersexualizada como autoparódica, acabaría convirtiéndose en una figura tan querida como Santa Claus. Cuatro décadas después de enfundarse un vestido de escote imposible y una peluca negra con un crepado inspirado en Ronnie Spector, sigue reinando, imperturbable, en el imaginario popular.

Elvira’s Movie Macabre debutó en septiembre de 1981 con La tumba del vampiro, de John Hayes. El presupuesto, como el de la mayoría de cintas de serie B que emitía, era irrisorio, pero en pocos meses el programa se convirtió en un fenómeno de culto, y los principales talk shows del país se disputaban su presencia.