Atravesado por un bosque a las afueras de Santiago de Compostela, fue diseñado como un espacio de reclamo donde reinarían la fiesta, romerías gallegas, olvido de protocolos formales y precios populares

Xosé Santiso coge el teléfono a las dos del mediodía. No ha comido y no lo hará hasta las cinco o las seis de la tarde. “Como una vez al día y para mí es un ritual de desconexión: me gusta el proceso de prepararla, de pasar por la huerta y buscar los alimentos que voy a cocinar, y de pensar en el disfrute que me proporciona”. Es hijo de un restaurador y músico que tuvo una idea de éxito: en 1996 quiso crear un espacio para poner en valor las tradiciones gallegas a través de la música “y la hostelería era el medio perfecto para conseguir esto”.

Los Santiso estaban muy vinculados al mundo de la música. Xose componía canciones y poemas desde niño, porque es así como le enseñaron a poner en valor su identidad y su arraigo. Así, Fogar do Santiso (Trasellas, 13, Teo, A Coruña), que está atravesado por la naturaleza del bosque a las afueras de Santiago de Compostela en la que se inscribe orgánicamente, fue diseñado como un espacio de reclamo donde reinarían la fiesta, romerías gallegas, desenfado, olvido de protocolos formales y precios populares.