El punto graso y sabroso de este pescado azul lo hace perfecto para encurtir en casa y usarlo en aperitivos, ensaladas o platos de inspiración asiática
La caballa es de esos pescados que lo tienen todo para ser la estrella de la pescadería: es económica, está buenísima, tiene un punto graso que la hace muy versátil –queda bien a la plancha, en escabeche, al horno o marinada– y además es sostenible. Pero por algún motivo, sigue siendo una gran ignorada frente a los ubicuos, salmón, atún y pescados blancos. Su textura melosa y sabor potente la hacen perfecta para preparaciones en frío como esta, que convierte un pescado humilde en un bocado delicioso y muy versátil con tres ingredientes y un rato de nevera.
Si quieres alargar su vida o añadirle más aromas, puedes cubrirla con aceite de oliva suave y dejarla reposar en la nevera hasta tres días. Si al aceite le añades ajo laminado o picado, perejil, cilantro, tomillo o romero, pimentón, semillas aromáticas o especias, el reposo transferirá parte de su sabor al pescado. Para acelerar el proceso, puedes hacer previamente una infusión de los ingredientes en el aceite caliente, dejando que se enfríe completamente antes de sumergir la caballa en él.






