El Gobierno planea invertir casi 13.000 millones en cuatro años para expandir capacidad a la vez que insiste en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
El mes pasado, el Gobierno anunció un plan de inversiones por valor de 12.900 millones de euros entre 2027 y 2031 en los aeropuertos de la red pública. El transporte aéreo está lejos de ser la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero (el transporte por carretera y la construcción siguen siend...
o los principales contaminantes) pero también es uno de los más difíciles de descarbonizar. La pregunta es cómo esa inversión en el sector aeroportuario se compatibiliza con unos ambiciosos planes de descarbonización.
Amparo Brea, Chief Green Officer de Aena, y Pablo Muñoz, coordinador del área de movilidad sostenible de Ecologistas en Acción, cotejan sus puntos de vista.
Tras el anuncio de la propuesta de plan de inversiones de Aena para 2027-2031, que asciende a cerca de 13.000 millones de euros, es imprescindible desterrar dos mitos sobre su supuesta incompatibilidad con la sostenibilidad medioambiental. Por un lado, el mantra mil veces repetido de que el transporte aéreo es uno de los principales focos de contaminación mundial. Según las cifras que maneja el sector aéreo, su contribución a las emisiones globales de CO₂ es de entre el 2% y el 3%. Y, por otro, que la ampliación de los aeropuertos implique una mayor contaminación. Es precisamente a la inversa: las nuevas infraestructuras mejoran su eficiencia energética y optimizan su operativa. Por lo tanto, es posible ampliar los aeropuertos para prestar un servicio de calidad sin aumentar la huella de carbono.






