El portentoso ataque del Manchester City por los carriles interiores desmonta la defensa de Marcelino
El Manchester City desembarcó con un cañón de siete bocas en Castellón de La PLana. El arma más poderosa del fútbol mundial puesta en funcionamiento por el entrenador más sagaz en su empleo, y un grupo de jugadores adiestrados desde hace años para meterse en la situación más estresante y estimulante al mismo tiempo. Se llama pasillo central y ningún equipo en Europa lo utiliza mejor en su ataque. La puesta en escena sembró el espanto en la hinchada local y un agobio extenuante en la defensa del Villarreal, muy bien preparada por Marcelino para frenar la embestida y, sin embargo, incapaz de superar el estupor para vencer la fuerza futbolística que se encontró, rematada por un brujo y un gigante. Bernardo Silva, jugador total, y Erling Haaland, probablemente el delantero centro que más ha perfeccionado el arte del desmarque en corto.
“Volveremos a ser los que fuimos”, dijo Pep Guardiola, muy satisfecho tras ver a su equipo controlar el partido ante “un rival de primer nivel”. Pesa el recuerdo amargo de la depresión de la temporada pasada en un entrenador que nunca en su vida tuvo que trabajar tanto con unos futbolistas para sacarlos de la inercia negativa. Después de empatar en campo del Mónaco en Champions y en campo del Arsenal en Premier, el triunfo por 0-2 en Villarreal supuso un escalón de alivio y de confirmación. Al 70% de lo que fue, el City vuelve a intimidar con recursos insólitos.






