Hay catalizadores que revelan la naturaleza de los hombres y de los equipos. El Tottenham estimuló un partido tal, que al cabo de los 90 minutos el Manchester City obtuvo una radiografía completa de su verdadero estado. Al terminar, el City quedó expuesto en cada uno de los huesos de su esqueleto. La derrota, inapelable, completa, reflejó mucho más que el 0-2 que brilló en el marcador del Etihad, en la tarde del sábado. Pep Guardiola tiene mucho trabajo por delante. Sobre todo, en el mediocampo.
Guardiola dejó en el banquillo a Doku y Bernardo Silva, motores del City en la victoria en Wolverhampton, en la jornada inaugural de la Premier. El técnico presentó una alineación disruptiva, en muchos sentidos. Insistió en prescindir de Gündogan, al que dejó fuera de la convocatoria, mantuvo a Stones en el centro de la defensa, y preservó el coto del mediocentro para Nico González, al que escoltó con Reijnders y Cherki. Tres mediapuntas de alma para tres puestos que exigen una combinación única de sentido de la responsabilidad y continuidad en los esfuerzos físicos para defender y ofrecerse con la pelota. Son excepcionales los mediapuntas con estas facultades, pero Guardiola creyó que merecían una consideración única.











