“Hacemos muchas cosas que me gustan, pero no somos capaces de ganar partidos”, se lamenta Pep Guardiola, que vive en un sinvivir porque el Manchester City no arranca. El equipo que dominó la Premier con cuatro títulos consecutivos entre 2021 y 2024 y tuvo un quinto malo encadena ahora dos derrotas consecutivas en las tres primeras jornadas de la Premier. La semana pasada fue en el Etihad contra el Tottenham. Esta vez el desastre sobrevino en Brighton en las postrimerías de un partido que dominaba el equipo tras un gol de Haaland en la primera parte. Remontaron los locales y Guardiola, cuya gestualidad en el banquillo es la de un hombre atormentado, debe encontrar soluciones y apunta hacia teclas casi más mentales que futbolísticas. “Después de nuestro gol nos olvidamos de jugar. Pensábamos más en las consecuencias de encajar”, describió.

Guardiola trató en Brighton de volver a las fuentes. Alineó de inicio a Rodri, que se había perdido el estreno liguero contra los Wolves y en la jornada pasada solo tenía carrete para ayudar al equipo durante un cuarto de hora. Con su batuta, el City pareció de inicio tan demoledor como antaño. Marcó Haaland su gol número 88 en 100 partidos de Premier (sólo se le acerca Alan Shearer con 79) tras un robo en la presión avanzada y al descanso parecía poco premio. Pero todo cambió con un penalti absurdo de Matheus Nunes, que no deja de coleccionar desastres con la camiseta del City. El centrocampista portugués, que operaba como lateral diestro, acudió a bloquear un centro como si sus brazos conformasen un molino de viento y la pelota le golpeó en uno de ellos. Empató el veteranísimo Milner (cumplirá 40 años en enero) desde los once metros y el City empezó a coleccionar errores en la circulación de la pelota. Le castigó el Brighton al galope con un tanto final del alemán Gruda.