Pese a que seis de cada diez viviendas lo necesitan por su envejecimiento y a que existen ayudas, las decisiones estéticas siguen primando en lugar de las energéticas

Ocho de cada diez viviendas que se compran en España son de segunda mano. De ahí que, en una gran mayoría de los casos, los compradores decidan retocar alguna o todas las estancias de su nuevo hogar para ponerlas a su gusto, o actualizarlas por el desgaste del paso del tiempo. En la mente de los nuevos propietarios, sin embargo, no suele estar la idea de renovar la instalación eléctrica, o de revisar el resto de consumos del inmueble. Solo uno de cada diez lo asume como prioritario, y eso que seis de cada diez viviendas lo necesitan.

Estos datos evidencian un desacople que es, según recoge el informe La descarbonización del sector residencial en España: el papel de la instalación eléctrica en la vivienda. La visión de los expertos en rehabilitación, elaborado por el Observatorio de la Rehabilitación Eléctrica de la Vivienda en España (OREVE), con la colaboración del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), una de las razones por las que el país avanza con mucho retraso en su proceso de descarbonización, poniendo en riesgo los compromisos que ha adquirido para horizontes tan cercanos como 2030, cuando deberá acreditar una mejora del 43% en eficiencia energética.