El encuentro afecta a un aspecto nuclear del fútbol desde sus orígenes: la vinculación de los clubes con sus barrios, pueblos o ciudades
¿Dónde reside el interés del deporte y del fútbol, en particular? Probablemente, al menos eso afirmarían los más puristas de la perspectiva técnica, en llevar las capacidades y talentos físicos a un superior grado de excelencia; en cambio, los que contemplan el deporte desde una perspectiva ética destacarían una serie de valores que fomenta o de los que se nutre: esfuerzo, solidaridad, capacidad de superación, etc. Sin embargo, lo que probablemente conduzca a que ciertas disciplinas deportivas sean seguidas apasionadamente por millones de aficionados no sea ni una cosa ni otra. El fútbol, en concreto, representa algo más. Su popularidad y la pasión que suscita entre los aficionados no estrib...
a en las cualidades técnicas que despliegan los futbolistas como tampoco en la belleza y emoción del propio juego, y por la profusión de lacras, como la excesiva competitividad o la violencia, tampoco en los valores que alberga.
Gran parte del interés del fútbol reside en cómo se constituye en un factor crucial de la identidad individual y colectiva. Así pensaba quien fue presidente de la Federación Española de Fútbol, Pablo Porta: “El fútbol es un deporte que no tiene ningún interés. Desde el punto de vista técnico es una cosa muy rudimentaria. Cuenta demasiado el azar, es muy poco espectacular y no requiere tampoco hombres especiales porque es muy fácil enmascarar la mediocridad entre once... ¿Sabe usted lo que aguanta el fútbol? El ser de alguien. Pocas veces se ha expresado con tanta elocuencia como en la famosa escena de El secreto de tus ojos, donde Pablo Sandoval (Guillermo Francella), el amigo de Benjamín Espósito (Ricardo Darín), afirma que si bien se puede cambiar de todo –de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios–, hay una cosa de la que no se puede cambiar: de pasión. Y la de un aficionado por su club es una de las más poderosas.







