Ocho de las nueve piezas napoleónicas sustraídas, con miles de piedras preciosas y de gran valor patrimonial, siguen sin hallarse

Las nueve piezas robadas este domingo en el insólito atraco al Museo del Louvre tienen un valor económico colosal si se tienen en cuenta las miles de piedras preciosas que las componen. Pero su valor es sobre todo intangible, pues son joyas únicas que cuentan la historia de Francia y evocan su época de máximo esplendor.

En la galería de Apolo de la pinacoteca, la que asaltó el comando de cuatro hombres accediendo por el balcón gracias a una escalera, se exponen un total de 23 piezas de antes de la Revolución Francesa y del Primer y Segundo Imperio. Los cuatro asaltantes siguen huidos y las piezas desaparecidas. Solo se ha podido encontrar una, que los asaltantes perdieron en la huida. Es la corona de diamantes de Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.

Se trata de joyas del siglo XIX con miles de diamantes o zafiros, engarzadas con técnicas de gran complejidad que ilustran el savoir faire de los artesanos de la época. Es muy difícil que puedan revenderse en el mercado negro, porque están identificadas y serían localizadas fácilmente, así que la única manera de hacerlo es desmontándolas para tratar de comercializar los diamantes o las perlas por separado o fundir los metales y tallarlos de nuevo. En este caso ya no se sabría su procedencia, pero perderían su valor patrimonial e histórico. La carrera contrarreloj para encontrarlas antes de que se destruyan ya ha comenzado.