Más de 100.000 exmiembros de las fuerzas armadas no tienen ciudadanía estadounidense y están en riesgo de ser expulsados del país

Después de 15 años entre rejas, el sargento Jose Barco, veterano condecorado y herido en la guerra de Irak, salió de prisión el segundo día de la segunda presidencia de Donald Trump. La libertad, sin embargo, apenas le duró instantes. Afuera lo esperaban agentes migratorios. Desde entonces, ha estado en centros de detención, contando h...

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acia atrás hasta el momento de una deportación que a estas alturas representa a la vez un alivio y también la última desgracia en una lista que no ha hecho más que alargarse desde que se unió al ejército con 17 años. Su esposa, Tia Barco, solo tiene una explicación: tiene que ser una “maldición”.

El sargento, que hace unas semanas cumplió 40 años en silencio en una celda y entre decenas de indocumentados, en realidad nunca ha conocido la libertad plena en su vida adulta. Nacido en Venezuela de padres cubanos que huyeron del régimen castrista, se mudó con cuatro años a Miami, donde creció como residente legal al ser hijo de refugiados. Como adolescente, se enlistó y cumplió dos estancias en Irak. Volvió unos años después a casa y en una noche de fiesta se metió en una riña donde hubo disparos. Fue condenado a 55 años de cárcel por intento de asesinato. Cumplió más de una década de su sentencia como un preso ejemplar antes de recibir la libertad condicional, pero pasó inmediatamente a engrosar la lista de detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).