Tras pelear en Irak, cumplió 16 años de cárcel antes de pasar a detención migratoria y eventualmente ser expulsado del país: “Tengo derecho a que me entierren en un cementerio nacional, pero no a vivir en Estados Unidos”

El calor húmedo de Villahermosa es lo único que a José Barco le resulta familiar en el improbable destino de su historia. A simple vista se nota que no es de por aquí este veterano de la guerra de Irak de 40 años, estatura baja, espalda ancha, cabeza rapada y una calma taciturna que esconde las vueltas absurdas de su vida.

Oficialmente, el hijo de refugiados cubanos, nacido en Venezuela y criado en Estados Unidos, no es de ninguna parte. Pero terminó en el Estado de Tabasco, al sur de México, después de cumplir casi 16 años de una condena de prisión y otros 10 meses en detención migratoria, durante los cuales lo intentaron deportar a Venezuela, sin que importara que había sido condecorado por el ejército. Arriesgó su vida por Estados Unidos y luego el sistema de salud de las fuerzas armadas le falló; aun así, pagó por su delito cometido en la inestabilidad que marcó los meses posteriores a su retorno de la guerra y, a pesar de todo, se convirtió, hasta donde se sabe, en el primer veterano estadounidense deportado a un tercer país.