El mayor asentamiento informal de Cataluña, que ha convertido aulas en infraviviendas, crece con más chabolas y sin alternativas a un desalojo inminente

Fue un instituto y ahora es un pueblo. Las aulas se han transformado en habitaciones. El patio, en un almacén al aire libre donde se acumulan bicicletas, neveras, mesas, sillas, cintas de correr, tendederos y cualquier objeto con partes metálicas: la chatarra es la principal actividad económica de es...

te enclave africano en Badalona (Barcelona, 227.083 habitantes) habitado por más de 400 personas y que, pese a la amenaza de desalojo, crece día tras día. Los residentes del antiguo centro de enseñanza B9 han forjado en dos años una pequeña comunidad, con sus reglas de convivencia (el patio como ágora donde dirimir conflictos), sus representantes (seis hombres, uno por cada nacionalidad del África subsahariana con presencia en el asentamiento) y hasta sus modificaciones urbanísticas: las aulas se han quedado pequeñas para acoger al creciente número de migrantes desarraigados y el poblado se ha apropiado de un patio anexo, un arrabal formado por chabolas de chapa y madera de autoconstrucción.

El nombre, B9 (Badalona 9) es casi lo único que queda de un instituto público abandonado (despidió a sus últimos alumnos en 2011) que ahora es el mayor asentamiento informal de migrantes en Cataluña. Hay electricidad, agua y hasta dos bares muy dignos y decorados, que son también puntos de encuentro. “Aquí hay mecánicos, lampistas, paletas, fontaneros… Hacemos de todo”, cuenta Keita, de 42 años y nacido en Senegal, en la terraza del bar, bajo un toldo negro, antes de ponerse a cortar aluminio con una radial. Son las 10 de la mañana de un martes. Keita está aquí porque trabaja de noche (de controlador en una discoteca), pero la mayoría han salido “a buscarse la vida”, algunos con permiso de trabajo, otros en negro o en la chatarra.