Fue la cara de la casa Christian Dior en España durante más de 30 años. Ahora, es la embajadora del lujo español en el mundo. “Yo no tuve lujos materiales, pero sí el lujo de una cabeza bien hecha”, asegura

Cuando llegó a España, a mediados de la década de 1970, Beatriz de Orleans (Neuilly-sur-Seine, 83 años) se alojó durante un tiempo en el palacio de la Zarzuela. Su entonces marido, el príncipe Miguel de Orleans, era hijo del conde de París y pariente lejano de Juan Carlos de Borbón, que en ese momento estaba a punto de convertirse en rey de España. Medio siglo después, la princesa de Orleans comparte piso con un profesor de religión y otro de música en un apartamento señorial en el barrio de Salamanca de Madrid. No se le caen los anillos por hablar de ello. “Estaba buscando casa y no encontraba nada que me gustara. Un amigo me dijo que me alquilaba una habitación y me pareció bien. Más de 10 años después, ahí sigo. Estoy encantada”, explica durante la conversación con EL PAÍS en el restaurante Amós, en el Rosewood Villa Magna. El director del hotel, Friedrich von Schönburg, lo ha abierto antes de la hora habitual solo para ella.

“Mi título me abre un 4% de puertas y me cierra el otro 96%”, apunta la princesa con su fuerte acento francés. En ese 4% están los mejores restaurantes, los mejores hoteles y las mejores tiendas del mundo. Empezó su carrera en el negocio del lujo como periodista para la revista de moda Women’s Wear Daily. Acababa de terminar sus estudios de Ciencias Políticas en La Sorbona cuando John Fairchild, dueño de la publicación, la contrató para cubrir los desfiles de París. Fairchild vio que aquella veinteañera, hija de un conde, tenía estilo, buena conversación y excelente ojo para la ropa.