La presidenta del grupo textil busca impulsar la enseña de Inditex en el mundo de la alta costura y alejarse del concepto de moda rápida

Vestida con traje de pantalón negro y un reloj Cartier, Marta Ortega se abría paso rápidamente entre la multitud, estrechando manos y besando mejillas, mientras charlaba animada por la emoción del evento.

La fiesta, celebrada el pasado octubre en un local de mediados del siglo XX muy cerca de la opulenta tienda insignia de Louis Vuitton en los Campos Elíseos de París, contó entre las invitadas a las supermodelos Naomi Campbell y Linda Evangelista. Mientras los camareros pasaban con cuencos de gambas en salsa de albahaca y tomates asados, Christopher Michael, moderador del podcast de la industria ¿Qué es lo contemporáneo ahora?, comentó: “Si te dedicas a la moda, estás en el lugar indicado esta noche, porque este es un espacio donde encontrarás a cualquiera que sea alguien”.

Quien organizó la fiesta no fue una gran empresa de lujo como Louis Vuitton o Dior. Se trataba de Zara, la marca insignia de Inditex, y de Marta Ortega, la presidenta del grupo, de 41 años, heredera de la fortuna de 116.000 millones de dólares de su padre, Amancio Ortega, procedente del imperio de la moda que él cofundó. El evento, uno de una serie este año para conmemorar el 50 aniversario de la marca española, suponía un nuevo esfuerzo de Ortega por impulsar a Zara al selecto mundo de la alta costura, alejándola de la industria de la moda rápida que creó. Una industria que evoca imágenes de productos baratos, talleres en países en desarrollo y una gran huella de carbono.