El tercer largometraje del cineasta se abre aún más al ‘thriller’, hasta componer una inusualmente tranquila intriga criminal

En la edición de los premios Goya del año 2016, una anciana de 93 años que nunca había actuado fue nominada en la categoría de mejor actriz revelación. Se llamaba Antonia Guzmán, era la abuela del director de la película que la llevó a tan extraordinaria situación —el habitual actor Daniel Guzmán, que debutaba tras las cámaras y también fue candidato, y ganador, en el apartado de dirección novel—, y efectivamente la señora estaba magnífica como la coprotagonista de aquella historia....

A cambio de nada reveló a un autor singular para el cine español: un director que, frente a la inmensa mayoría del cine social de corte activista que se hacía en Europa, riguroso y áspero, practicaba una especie de vuelta al cine popular de siempre, influido por la comedia picaresca española y por la comedia a la italiana. Un cine tan sincero como deshilvanado que, desde el cariño y el activismo, hablaba de la gente de la calle mirando a los ojos de sus criaturas.

Diez años después de aquel título, y tras otro trabajo presidido por la truhanería española, Canallas (2022), aunque un escalón por debajo en cuestión de calidad, Guzmán parece volver a la casilla de salida con otra estimulante película popular presidida por la sensibilidad social. La deuda, además, bien podría llevar de nuevo a una mujer mayor hasta las puertas del Goya revelación. Tras la muerte de Antonia Guzmán en 2018, el director y actor ha hecho un casting con más de mil ancianas y ha encontrado en una residencia a Rosario García, de 91 años, una máquina de socarronería y saber estar, que bien podría ser el mismo personaje de A cambio de nada, pero con una vuelta más de retranca en las frases que le ha escrito Guzmán.