El actor reconvertido en director estrena ‘La deuda’, ejemplo de ese cine social que, según él, cuesta cada vez más sacar adelante en un panorama plagado de comedias

A Daniel Guzmán (52 años, Madrid) hay que sacarlo a la calle. Solo allí se explican su vida y su cine, que a menudo son casi lo mismo. Para esta entrevista quedamos en el centro de Madrid delante del edificio donde ha grabado su última película, La deuda. En la historia, su personaje se zambulle en una angustiante huida hacia delante para evitar ser desahuciado por un fondo que quiere rehabilitar el bloque. En la vida real, se trata del Edificio Montano, una reliquia del siglo XIX que también está en obras. Mientras posa para la cámara, un corro de hombres encamisados se reúne en la puerta. Uno de ellos se acerca sonriente, charla un rato y se aleja. “Van a hacer un coliving. Me lo ha dicho con la boca pequeña y yo le he respondido: ‘Pues entonces te va a encantar la peli, macho”, resume entre risas.

Al bajar la calle lo interceptan otras dos personas más para pedirle fotos. El personaje que interpretó en Aquí no hay quien viva sigue triunfando entre los jóvenes, aunque hace una década que apartó la interpretación para escribir, dirigir y producir sus propias películas. Con La deuda, cierra un ciclo, junto a A cambio de nada (2015) y Canallas (2022), en el que se ha dejado la piel, y casi la salud, por retratar los conflictos, los vínculos y los barrios de su atormentada adolescencia.