La intérprete estrena a la vez ‘La deuda’ y ‘Un fantasma en la batalla’ mientras encadena rodajes y sueña con volver al teatro
Cuando Susana Abaitua (Vitoria, 35 años) abrió el guion de Un fantasma en la batalla, de Agustín Díaz Yanes, lo primero que leyó fue “Exterio...
r. Bidart”. “Pegué un respingo”, exclama. “¡Mi pueblo! Sin haberme reunido con Tano [diminutivo con el que es conocido Díaz Yanes], ya vi la señal. Y era un libreto tan redondo, con un personaje femenino tan potente...”. A su espalda, en la pequeña terraza de su piso madrileño, un cartel de esa localidad francesa y una tabla de surf confirman su querencia por el País Vasco francés. Y sueña con volver pronto allí, donde vive jubilada su madre. De momento es solo un sueño: antes del festival de San Sebastián filmó una comedia en Canarias, estos días rueda otra película en Valencia, después encadenará un tercer rodaje y, mientras tanto, promociona el lanzamiento en Netflix del thriller de Díaz Yanes, además del estreno en cines de La deuda, de Daniel Guzmán. “Soy carne de actriz”, confiesa.
Hay pocas intérpretes españolas tan volcadas en su profesión y tan defensoras de ella como Abaitua. Si acaso, Victoria Luengo, que es su mejor amiga. Hija de profesora de ballet, en la academia de danza materna decidió que quería ser actriz tras ver dos películas: León, el profesional y La flaqueza del bolchevique. Y aunque no para en cine (El comensal, No mires a los ojos, Desmontando a Lucía o Todo lo que no sé son algunos de sus últimos largos) y en televisión (Patria, Loco por ella, Vestidas de azul o Los Farad), le gustaría volver al teatro. Otro deseo incumplido. “Me encuentro en un momento dulce, y debo enganchar estos proyectos que me encantan. Veo complicado parar un año para una gira, pero...”.






