Sébastien Lecornu evita la caída de su Gobierno al fracasar las dos mociones de censura presentadas por la izquierda de Mélenchon y la ultraderecha de Le Pen

La sesión de este jueves en la Asamblea Nacional francesa ha pasado de ser uno de los momentos más graves de la legislatura a un trámite con cierto suspense. La jornada estaba marcada en rojo: se vería si el recién formado Gobierno sobrevivía al superar dos mociones de censura, las presentadas por la formación izquierdista La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon y por el ultra Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen.

La clave fue la concesión del primer ministro, Sébastien Lecornu, a suspender la aplicación de la reforma de la ley de pensiones, tal y como pedían los socialistas para no votar a favor de alguna de las dos mociones.

La votación fue reñida. Algunos de los diputados del Partido Socialista y de Los Republicanos, cuya posición oficial era no votar la moción de censura, tenían dudas. Y, finalmente, siete socialistas y un representante de Los Republicanos abandonaron la disciplina de partido. Pero dado que quienes subieron a la tribuna de la Asamblea fueron en su mayoría las segundas espadas de cada partido, parecía claro que no se alcanzarían los 289 votos necesarios para que prosperasen las mociones. A la primera, la de LFI, le faltaron 18 votos para salir adelante (votaron a favor 271 sobre un total de 577 parlamentarios).