Los socialistas, descontentos con la falta de concesiones en materia fiscal, agitan el fantasma de la moción de censura

La batalla por la supervivencia del Gobierno francés, que dirige el macronista Sébastien Lecornu, se libra palmo a palmo estos días en la Asamblea Nacional en un complejo debate para consensuar una nueva Ley de Presupuestos. El primer ministro y su Ejecutivo hacen equilibrios para mantener dentro del perímetro de una posible mayoría al Partido Socialista (PS) sin provocar el enfado de Los...

Republicanos (LR) y parte del centroderecha, que no acepta muchas de las propuestas de la bancada progresista. Tiene que haber un texto antes de final de año y cada vez queda menos tiempo. No hay margen. En caso de descarrilamiento definitivo de las negociaciones, no quedaría más remedio que convocar unas elecciones legislativas anticipadas. Volver, definitivamente, al escenario del crimen, el lugar que provocó el bloqueo hace 16 meses.

Nadie recuerda a un primer ministro tan frágil, tan expuesto a los partidos. Sin la figura protectora del presidente de la República, un Emmanuel Macron retirado casi completamente de la política nacional. La única fortaleza de Lecornu es hoy el miedo de la mayoría de todas las formaciones —menos la ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN) y la izquierdista La Francia Insumisa (LFI)— a pasar por las urnas. Tres semanas después de volver a ser elegido por Macron, Lecornu se encuentra atrapado en un laberinto parlamentario. Especialmente después de haber renunciado voluntariamente al artículo 49.3 de la Constitución, es decir, a la posibilidad de aprobar por decreto los textos.