La propuesta del Gobierno es oportuna y conveniente y se fundamenta en la necesidad de proteger parte de nuestra identidad democrática frente a una ola reaccionaria

“Váyanse a abortar a otro lado” dijo hace unos días la presidenta de la Comunidad de Madrid. Para las mujeres más jóvenes puede pasar desapercibida la carga de profundidad que conlleva expresar algo así en nuestro país. No es el caso, sin embargo, de toda una generación que recuerda sin mayor dificultad cómo en España las mujeres tenían que viajar a Londres para poner fin a un embarazo no deseado si podían sufragarse los gastos, mientras que las que carecían de recursos debían optar entre ser madres contra su voluntad o quedar al albur de matarifes. Y es que todavía vive esa generación de mujeres a las que nuestro marco normativo decidía por ellas y les obligaba a ser lo que no querían ser....

Cuando todo esto parecía olvidado, el aborto ha vuelto a captar la atención informativa con planteamientos extravagantes sobre supuestos traumas sin respaldo científico de los que hay que informar a las mujeres o prácticas administrativas que invitan a pensar en una burla a las exigencias que impone la legislación en relación, por ejemplo, al registro de médicos objetores de conciencia. Podríamos hablar de dislates políticos o de cierto relajo en una práctica médica si no fuera porque el contexto internacional ofrece evidencias sobre una acción coordinada para hacer retroceder todo lo avanzando en relación con los derechos de la mujer. Y entre ellos, claro está, está el derecho al aborto.