Díaz y Bolaños cerraron en La Moncloa la reforma constitucional que será una prueba de fuego para Feijóo mientras Sánchez entra al choque con Ayuso
Cuando el Gobierno se pasó todo el verano pensando posibles asuntos con los que marcar la agenda política, distintas reformas, iniciativas, debates, el aborto no estaba entre ellos. Sin embargo, los movimientos del PP, especialmente el madrileño, que cada vez se acerca más a las posiciones de Vox en este asunto —el alcalde llegó a aprobar una moción de Vox sobre un supuesto síndrome posaborto que la ciencia no avala y la presidenta de la Comunidad llegó a decir “váyanse a abortar a otro lado”— han forzado un giro en el Ejecutivo que ahora ha aprovechado lo que considera un error de libro del PP de Alberto Núñez Feijóo para convertir el aborto en un asunto central de la agenda política, su gran bandera contra la derecha en este momento.
Desde que José Luis Martínez Almeida tuvo esa idea fallida —lleva desde entonces intentando rectificarla, sin mucho éxito— de apoyar un texto antiabortista de Vox que podía haber dejado morir, el Gobierno ha multiplicado sus movimientos para lanzar un mensaje claro: la coalición progresista es la garantía de que en España no habrá involución y está dispuesta a dar esta batalla hasta el final para ganar no solo en el relato, sino también en el BOE, en las leyes, y la aplicación práctica del derecho al aborto, consagrado por una ley de 2010 —con Zapatero en La Moncloa— y refrendado por una sentencia del Tribunal Constitucional de 2023.






