La presidente madrileña abre un nuevo frente ante Ejecutivo tras la memoria histórica y el conflicto universitario

El Gobierno vivió la jornada del jueves como un auténtico regalo político. Isabel Díaz Ayuso eligió chocar de nuevo con Pedro Sánchez pero con dos elementos muy cómodos de combatir para el Ejecutivo. Primero, un debate muy incómodo para el PP, que divide históricamente a su electorado: el aborto, tanto que generó una discrepancia pública entre ella y el líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo. Y segundo, un incumplimiento flagrante de una ley, la del aborto, que además está acordado en un Consejo Interterritorial de Salud y, por tanto, asumido por la Comunidad de Madrid, esto es, el registro de los objetores de conciencia para poder organizar la interrupción voluntaria del embarazo en centros públicos.

Un caramelo para un Ejecutivo que ha optado después del verano, tras unos meses de junio y julio durísimos, volver a la política, al contenido, a los debates sociales, y especialmente al choque ideológico de dos modelos de país para intentar dar sentido a la legislatura y reactivar a la izquierda, muy desmovilizada según las encuestas. “El del aborto es un debate que el PP tiene perdido de entrada. Divide a su electorado, les genera contradicciones constantes —incluso la propia Ayuso se contradice— y además sirve para recordar a la ciudadanía hasta qué punto el PP y Vox representan un retroceso social”, señala un miembro del Ejecutivo.