Raúl Casado |

Madrid (EFE).- Los ciberdelincuentes aprenden español, y conscientes de que los mensajes se procesan mejor en la lengua nativa y con un lenguaje próximo y cercano, están exprimiendo al máximo el idioma para mejorar la eficacia de sus ataques; son amenazas, cada vez más personalizadas y sofisticadas, gracias también a la inteligencia artificial.

Porque cuando un mensaje (aunque sea un ataque) se procesa con facilidad, el cerebro tiende a juzgarlo como si fuera más creíble, y los usuarios tienden a bajar la guardia cuando reciben avisos o notificaciones en los que el ciberdelincuente se dirige a ellos personalmente; de usted, de tú e incluso aprovechando los giros regionales (como vos) y hasta jergas, dialectos o ‘acentos’ locales, según los expertos en ciberseguridad.

También puede llegar a ser el idioma un arma de doble filo, porque muchas de las principales amenazas (el smishing, vishing, quishing, pishing, malware o spyware) se esconden tras anglicismos, por lo que las personas con una menor alfabetización digital o aquellas poco familiarizadas con el inglés pueden ser mucho más vulnerables y caer más fácilmente en las trampas que tienden los ciberdelincuentes.

Algunas empresas especializadas en informática y ciberseguridad han coincidido en que muchas de las nuevas herramientas, y entre ellas la inteligencia artificial, han contribuido a multiplicar las brechas de seguridad y en que durante los últimos años se han producido oleadas de ataques, sobre todo de ‘pishing’ (captación de datos privados falsificando páginas que el usuario conoce), dirigidos específicamente a la comunidad hispanohablante.