El boicot a los productos de Israel ayuda a la expansión del fruto del palmeral ilicitano, un producto versátil en la cocina y de múltiples propiedades nutritivas

Si una mujer real sirvió como modelo para la talla de la Dama de Elche, con toda probabilidad consumió dátiles. El cultivo de palmeras en Elche (Alicante, 243.128 habitantes) arrancó, al menos, con los fenicios, siguió bajo dominio íbero y se ordenó durante el periodo andalusí. Y ha llegado a la actualidad, donde parte de los aproximadamente 200.000 ejemplares censados

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es/RL/conocimientos-saberes-tradiciones-y-practicas-asociados-a-la-palmera-datilera-01902" data-link-track-dtm="">han llegado a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, la producción de su fruto para consumo, el único de toda Europa, es mucho más reciente. Solo a partir del año 2000 se cosechan y distribuyen fuera de su entorno más cercano, en sus dos variedades, la medjoul, mayoritaria en los países productores, y la autóctona confitera, nacida en el Huerto del Travalón, cerca del actual estadio Martínez Valero y única en todo el mundo.

Apenas quince empresas aprovechan las 7.000 palmeras cultivadas fuera de los huertos protegidos por la Unesco para la producción de dátil, comenta Miguel Ángel Sánchez, presidente de la Asociación de Productores de Dátiles de Elche, que generan “entre 80 y 100 toneladas anuales”. Una cantidad minúscula que, sin embargo, cuentan que se está convirtiendo en una alternativa a la importación desde Israel. Según Sánchez, desde que estalló el conflicto en Gaza, hace dos años, hay productores que han multiplicado sus ventas por diez, ya que han entrado en el circuito de las cadenas de tiendas y herbolarios especializados en productos ecológicos.