El Gobierno puede estar en dificultades, pero ninguna se la plantea un PP disperso que, por el contrario, le ayuda

Todos los demonios se desataron en el PP el día en que su anterior líder, Pablo Casado, disparó contra Isabel Díaz Ayuso por las comisiones que cobró su hermano en la pandemia. La refriega fue rápida y el que desenvainó primero (Casado) cayó fulminado a manos d...

e quien aceptó el duelo (Ayuso). De aquella batalla casi imprevista, fugaz, un visto y no visto en un hábitat político que suele ser estable, llegó Feijóo, que sabe que en Madrid las navajas son veloces.

Hoy, la presidenta de la Comunidad de Madrid vuelve a sentirse hostigada, pero está mucho más fuerte aún. El procesamiento de su novio ha multiplicado su capacidad de reacción, que encuentra cada día nuevas dimensiones en su escalada visceral. Aunque se lleve por delante a Feijóo.

Dos animales políticos están ahora mismo en acción: Pedro Sánchez y Ayuso. No hay más, y quien se meta en medio recibirá una bala perdida. El primero ha retomado la defensa de los servicios públicos aprovechando dos regalos que le ha puesto en bandeja el PP: la crisis de los cribados del cáncer en Andalucía y la obligación ordenada por el Ayuntamiento de Madrid de informar a las mujeres de un supuesto “síndrome postaborto” que no existe. La segunda ataca a diestro y siniestro: un día manipula declaraciones del lehendakari Pradales para hacerse la víctima y, otro, emprende un giro estratégico absoluto sobre el aborto. Donde antes lo defendía, hoy atribuye al Gobierno la muerte de “un millón de personas”. Donde antes lo garantizaba, hoy manda a abortar a otro lado. Ayuso ha olido sangre y sube la apuesta. Caiga quien caiga.