Estamos yendo hacia atrás en el tiempo a gran velocidad y reparar barbaridades pasadas ahora se considera ‘woke’
El 29 de diciembre de 1890, en Dakota, el séptimo de caballería hizo prisioneros a 300 indios sioux, tanto guerreros como mujeres, ancianos y niños. Los rodearon con ametralladoras y los instaron a entregar las armas y rendirse. Un tal Coyote Negro no arrojó su fusil (luego resultó que era sordo), hubo un forcejeo, se disparó un tiro y los soldados abrieron fuego contra la multitud inerme. Hay fotos en blanco y negro. Durante un tiempo hubo debate sobre cómo llamar a aquello: en principio fue la batalla de
ack-dtm="">Wounded Knee, luego empezó a ser la masacre de Wounded Knee, aunque algunos no estaban de acuerdo. De hecho, a los soldados que participaron en la matanza se les dio la medalla de honor del ejército estadounidense. Más de un siglo después esto parecía un poco fuerte y la Casa Blanca comenzó a retirarlas. Pero las cosas han cambiado, como seguramente saben.
El nuevo secretario del Departamento de Defensa, Pete Hegseth, veterano de Irak y Afganistán, presentador de Fox News, le ha cambiado el nombre a Departamento de Guerra. El otro día reunió a cientos de generales en la base de los marines de Quantico, Virginia, para arengarlos como si estuviera en un reality, paseando por el escenario: “Nuestro deber es prepararnos para la guerra y ganarla”. Entre otras cosas, ha decidido parar el proceso para retirar aquellas medallas de Wounded Knee. Cree que estuvieron bien dadas y quiere “dar prioridad a la capacidad de combatir más a lo políticamente correcto”. Si mirar el pasado para comprender las barbaridades que se cometieron y repararlas en la medida de lo posible se considera woke, qué decir de las que suceden ahora mismo: son masacres woke. Y los de la flotilla, perroflautas. Un truco que no falla para identificar a estos energúmenos es que, ante la duda, están siempre contra el débil, aunque vayan de víctimas y revolucionarios.






