La acera en la que el enfermero estadounidense recibió una decena de balazos a bocajarro se convierte en lugar de peregrinación para los vecinos que protestan por la toma de la ciudad demócrata por parte del Gobierno
Minneapolis amaneció este domingo desierta, con un aire fantasmal y aún incrédula por la versión dada por el Gobierno de Estados Unidos —todo indica que cuajada de falsedades— en defensa de los agentes de la policía migratoria de Donald Trump que la víspera mataron a un enfermero de 37 años mientras estaba en el suelo. También con una mezcla de rabia, indignación y cansancio tras casi un mes de resistencia al despliegue de 3.000 agentes federales que no son bienvenidos en estas calles.
El lugar en el que mataron a Alex Pretti —que el sábado estaba protestando por ese despliegue y se interpuso entre un puñado de uniformados y una mujer a la que estaban rociando con gas mostaza, antes de recibr una decena de disparos a bocajarro— concentró las protestas en las primeras horas de un nuevo día de enfrentamientos. Centenares de personas se fueron acercando desde poco después del amanecer a la avenida Nicolett, una de las arterias de esta urbe del Medio Oeste, para ver con sus propios ojos lo que el mundo entero llevaba 24 horas viendo en los vídeos de los testigos: el escenario de una tragedia que ha inflamado la tensión de una ciudad al límite.













