El límite del poder presidencial será el asunto que defina el nuevo año del alto tribunal de supermayoría conservadora. Sus jueces tienen en sus manos cambiar las reglas de la democracia

El Tribunal Supremo de Estados Unidos, que este lunes, el primero de octubre, abre uno de los cursos judiciales más trascendentales (otro) de su historia reciente, estudia cada año unos 70 casos. Solo un puñado tiene papeletas para atraer la atención mediática. Menos aún cambian el curso de las cosas, como el que en 2022 acabó con el derecho fede...

ral al aborto o Citizens United contra la FEC (2010), que trastocó las reglas de financiación electoral.

Este año, hay un caso que eclipsará el resto, aunque en realidad no existe, porque es la suma de muchos otros. Se podría llamar Donald Trump contra la democracia estadounidense, y resulta de juntar todas las peticiones que los nueve magistrados del Supremo han recibido de la Administración para que revisen resoluciones de los tribunales inferiores que han detenido el avance de decisiones ejecutivas potencialmente inconstitucionales de la Casa Blanca.

El curso pasado, Trump echó mano de esas peticiones de emergencia en 19 ocasiones solo en cinco meses, las mismas que la Administración de Biden en cuatro años. Hasta finales de septiembre, la cuenta continuó creciendo hasta 28, que ya son más que las que salen de sumar las peticiones de Biden, Barack Obama y George W. Bush.