Sendos votos para desbloquear la financiación federal fracasan en el Senado, mientras las posturas de ambos partidos en torno al gasto en Sanidad permanecen irreconciliables

Washington amaneció este miércoles, primer día del cierre del Gobierno de Estados Unidos, con aire de domingo. Las calles del centro lucían semivacías, sin apenas coches. Las áreas en torno a los edificios de las principales agencias federales, cuyos empleados han recibido la orden de quedarse en casa salvo aquellos con tareas “esenciales”, estaban desiertas. Y los turistas vagaban por el National Mall sin saber muy bien a qué atenerse en la

de-estados-unidos-echa-el-cierre-tras-el-primer-pulso-real-de-los-democratas-a-trump.html" data-link-track-dtm="">zona cero del shutdown.

La capital es la ciudad estadounidense en la que más se dejarán sentir los efectos de la interrupción parcial del grifo del dinero público, el primero en casi siete años. Y ya se prepara para lo peor: un prolongado paréntesis de efectos y duración imprevisibles que el presidente Donald Trump amenaza con agravar ordenando decenas de miles de despidos de funcionarios, que se sumarían a los casi 300.000 a los que su Gobierno han echado o que se han acogido a bajas incentivadas desde el regreso de Trump a la Casa Blanca con sus planes de adelgazar la Administración.