La sensibilidad, el tono, la elasticidad y la pigmentación de la dermis pueden variar en la gestación. El abordaje con las futuras madres debe estar orientado a hidratarla, calmarla y protegerla, evitando cualquier procedimiento invasivo

El embarazo es una etapa de grandes cambios físicos, hormonales y emocionales que afecta a diferentes órganos y sistemas del cuerpo, incluyendo la piel. Durante estos nueve meses, el organismo experimenta transformaciones que preparan al cuerpo para la llegada del bebé, pero que también pueden afectar a la apariencia y salud cutánea de la gestante. La sensibilidad, el tono, la elasticidad y la pigmentación de la piel pueden variar significativamente y, a veces, de forma impredecible. Por ello, es fundamental que se adopten cuidados específicos y seguros para mantener la piel sana, luminosa y protegida. La clave está en conocer las modificaciones naturales que se producen y en seguir métodos que no sean invasivos (o mínimamente invasivos) y un enfoque responsable en cualquier tratamiento estético o cosmético.

La cantidad de información que hay en internet y los diferentes perfiles de influencers en redes sociales dando consejos pueden dar lugar a cometer errores. “Es muy importante consultar siempre con un experto en medicina para resolver cualquier duda, por pequeña que sea”, aconseja Andrea Valladolid, médico estética experta en armonización facial.