El brasileño se inventa el 1-1 en el descuento de un partido dominado por el mediocentro español del Manchester City

Pep Guardiola creó un equipo hegemónico y Mikel Arteta, que fue su discípulo, se empeña en derribar la obra del maestro. De momento, sin éxito. Crece el Arsenal de la mano del entrenador vasco, pero no acaba de desarrollarse lo suficiente. Este domingo se le interpuso Rodri, que regresó al mediocentro del City para cimentar un bloque de hormigón en la visita al Emirates. Un espigón sobre el que se deshicieron las sucesivas olas del equipo de Arteta, incapaz de remontar el gol de Haaland mientras Martinelli no entró al campo, de manera inexplicablemente tardía, al cabo de 80 minutos de frustración para la hinchada local. Fue el propio Martinelli, con un gol majestuoso, un globito sobre Donnarumma después de burlar a tres centrales, quien devolvió el marcador al equilibrio final, en el tiempo de descuento (1-1), para dicha del Liverpool, que se queda solo en la cabeza de la clasificación de la Premier con 15 puntos, cinco más que el Arsenal y ocho más que el City.

Las rodillas de Rodri Hernández vuelven poco a poco a recobrar la estabilidad y a su alrededor se hace fuerte el Manchester City. El equipo norteño saltó el campo del Arsenal decidido a condicionar absolutamente su plan en virtud de la situación de su gran estratega, todavía en fase de rehabilitación competitiva. En un arranque de presión sin cuartel, Guardiola no tardó en constatar que Zubimendi, Rice y Merino se revolvían con demasiada frecuencia. Si lanzaba a sus hombres a marcar uno contra uno en campo contrario, se multiplicaban las probabilidades de perder los duelos y obligar a Rodri a redoblar desplazamientos. Dado que conservar la frescura física del mediocentro el mayor tiempo posible resultaba una prioridad, el técnico catalán resolvió reforzar el mediocampo con Bernardo y Foden y esperar al Arsenal en el terraplén. Estaban los dos contrincantes ajustándose cuando sobrevino la acción del 0-1.