Trump reabre el debate sobre la independencia de los bancos centrales

Un presidente conservador –y tramposo— presiona para que la Reserva Federal ponga los tipos de interés muy bajos a pesar de que es dudoso que a la economía estadounidense le convenga esa receta. Y no, no es Donald Trump. Esta historia empieza en 1971: Richard Nixon, que después se haría famoso por el Watergate, presionaba entonces para que la Reserva Federal relajara la política monetaria y facilitara así su reelección. El entonces jefe de la Fed, Arthur Burns, sabía que s...

olo se quedaría en el cargo “si cedía totalmente, aunque fuera algo totalmente incorrecto, ante su autoridad”, según sus diarios de aquella época. Burns no se equivocaba: cedió, y los precios subieron tan rápidamente que los restaurantes de carne a la brasa tenían que usar etiquetas adhesivas para actualizar sus cartas a diario.

Dos años después empezó la guerra del Yom Kipur, estalló la crisis del petróleo y EE UU se sumió en una enfermedad económica de nombre impronunciable: estanflación, estancamiento más inflación (quédense con esa palabra, por aquello de las rimas de la Historia). Ahí empieza la obsesión por la inflación de los bancos centrales modernos. Y ahí arranca también su sacrosanta independencia, para evitar las presiones barriobajeras de políticos sin escrúpulos.