La brecha de seguridad recogida en la memoria de la Fiscalía de 2024 revela las grietas en un sistema crucial para proteger a las víctimas de violencia machista
Las pulseras de control telemático permiten conocer la ubicación exacta de los agresores machistas que tienen impuestas órdenes de alejamiento de sus víctimas, de manera que sirven para proteger a las mujeres, que a su vez llevan dispositivos, y documentar posibles quebrantamientos. Son más de 4.500 los hombres que las llevan puestas. Una incidencia en la gestión de los datos de ubicación de los agresores, de la que alertó la Fiscalía en su memoria general, ha desatado una nueva tormenta política, y ha puesto en el foco estos dispositivos, que se utilizan en España desde 2009. No hay constancia de que ninguna mujer haya sido asesinada llevando encima uno de estos dispositivos antimaltrato. Un total de 21.036 que la han tenido en algún momento desde 2009, cuando comenzaron a implantarse.
Cuando un juzgado lo decreta, se instala una pulsera en la muñeca o el tobillo del agresor que tiene orden de alejamiento y que o bien ha sido ya condenado o bien está a la espera de sentencia. La manipulación del dispositivo acarrea una multa. El quebrantamiento de una orden de alejamiento, regulado en el artículo 468 del Código Penal, puede acarrear penas de prisión de seis meses a tres años si la protegida es víctima de violencia de género. A la víctima se le proporciona un teléfono inteligente que alerta en el caso de que el hombre se acerque a ella quebrantando la prohibición de aproximación. Su instalación busca garantizar la seguridad de la mujer, documentar un posible quebrantamiento de la orden de alejamiento y disuadir al agresor del incumplimiento de las prohibiciones impuestas judicialmente. La pulsera de geolocalización tiene una correa que detecta roturas y manipulaciones, una vida útil de 12 meses y se puede cargar de forma sencilla. La víctima puede recibir notificaciones en su teléfono y hacer videollamadas, enviar imágenes y lanzar un mensaje de alerta al centro de control. Además, el terminal puede detectar una caída y enviar una alerta que hará que el Centro de Control de Medidas Telemáticas de Alejamiento (Cometa) se ponga en contacto con ella para verificar su estado. El teléfono de la víctima puede emitir alertas visuales, sonora y de vibración cuando el dispositivo del investigado está cerca. También cuenta con un botón de emergencia para alertar de una situación de peligro. Si el agresor se acerca a la mujer o a la zona de exclusión fija (a la que no puede ir por orden judicial), la pulsera sufre daños o pierde la cobertura, el sistema lanza alerta al centro Cometa, y este actúa en función de la situación: llamando al agresor, contactando con las fuerzas y cuerpos de seguridad o hablando con la víctima.








