La mujer lamenta que el centro Cometa ha tenido que cambiarle hasta en 14 ocasiones el dispositivo por los errores, mientras su agresor llegó a dejar el brazalete como pago en un bar
El pasado junio, Alberto se quitó la pulsera contra el maltrato de su muñeca y la dejó, como pago, en un bar de Torremolinos, una localidad malagueña de casi 71.000 habitantes. La soltó sobre la barra junto al teléfono que le geolocaliza en todo momento y, después, desapareció. La Policía Nacional no le encontró hasta cuatro días después. Fueron 96 horas de pesadilla para Luisa, a la que insultó, vejó y golpeó en repetidas ocasiones durante los dos años que mantuvieron de relación, según una sentencia del juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Málaga, que le impuso una orden de alejamiento y 26 meses de prisión. “Fue como volver al infierno.
/podcasts/hoy-en-el-pais/2025-09-26/podcast-origen-fallos-y-mentiras-de-las-pulseras-antimaltratadores.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/podcasts/hoy-en-el-pais/2025-09-26/podcast-origen-fallos-y-mentiras-de-las-pulseras-antimaltratadores.html" data-link-track-dtm="">Da mucho miedo que pueda hacer algo así”, cuenta ella.
Para entonces, esta mujer vivía ya en una alerta constante porque el dispositivo falló en repetidas ocasiones desde que lo recibió casi un año antes. “Algunos días me he cruzado con él y la alerta no ha saltado. Además, el terminal me lo han cambiado hasta 14 veces en poco más de un año porque no funcionaba bien”, relata. “No confío nada en el aparato, solo en los policías que me cuidan”, añade sobre unas pulseras que, según la última memoria de la Fiscalía General del Estado, han mostrado problemas durante más de un año y por los que, por el momento, no ha habido ninguna asunción de responsabilidades. Con todo, es uno de los sistemas de protección más garantistas que existen en España. Nunca una mujer ha sido asesinada llevando uno de esos dispositivos. Aunque a veces, como el pasado 11 de noviembre, el sistema falle.






