El ahora repleto embalse de Sau y el parador que se ubica en las montañas que lo rodean devuelven la magia a la comarca de Osona, donde relucen el arte medieval, los murales de Josep Maria Sert en la catedral de Vic y los embutidos catalanes

Claro que hay fuet en Vic (Barcelona), como en toda España –qué popular se volvió entre los estudiantes esta barrita de carne de cerdo curada con pimienta y sal, qué buen bocado de madrugada–; pero si se visita la comarca de Osona, hay que sentarse a la mesa (a cualquier hora) y probar uno por uno el resto de embutidos catalanes, menos conocidos por el dominio de los ibéricos. La cata puede empezar en el parador de Vic-Sau, que toma el nombre del aquietado pantano inaugurado en 1963, por el que navegan kayaks de uno y de dos. En su restaurante, El Mirador –por sus vistas a esta balsa ya recuperada de la sequía de marzo de 2024–, sirven una tabla con butifarra de huevo y negra, bull (o bisbe) negro y blanco, catalana, secallona y llonganissa. Este último, el más distinguido de todos, requiere más días de curación que el fuet, se elabora con recortes seleccionados y se embucha en tripa más gruesa. Tiene más sabor, es más añejo, es un mejor regalo, si se lo está preguntando.