Cuenta la mitología clásica que fue la diosa Deméter quien hizo brotar la primera higuera para agradecer a Ática la ayuda en la búsqueda de su hija Perséfone. La ciencia, por su lado, fija la domesticación de esta planta originaria de Asia en torno al año 11000 a.C., lo que supondría, según la revista Science, que podría ser la primera planta sometida al control del ser humano. A partir de ese momento, la historia de los Ficus carica y la de la humanidad han sido inseparables por sus

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m/gastronomia/2023-10-29/comer-flores-maridar-con-hierbas-guisar-con-raices-una-seleccion-de-los-mejores-libros-sobre-botanica-y-gastronomia.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/gastronomia/2023-10-29/comer-flores-maridar-con-hierbas-guisar-con-raices-una-seleccion-de-los-mejores-libros-sobre-botanica-y-gastronomia.html" data-link-track-dtm="">diversas aplicaciones gastronómicas.

Al igual que ocurre con la ortiga, el cardo o la papaya, las hojas y tallos de este árbol tienen propiedades coagulantes que permiten cuajar la leche para elaborar quesos. Esto se debe a la acción de las enzimas sobre las proteínas presentes en la leche. Juan Carlos Roldán, experto en plantas silvestres y su uso etnográfico, ha estudiado y experimentado con la producción de estos lácteos durante los últimos años. “Son quesos muy fáciles de hacer. Basta con subir la temperatura de la leche a casi 40 grados y batirla un buen rato con unos tallos verdes. Hay quien le pone las gotas de látex o directamente la hoja dentro de la leche, luego se deja reposar sobre dos horas, intentando que no baje la temperatura y cuaja”, comenta Roldán. El jienense también asegura que lo curioso es que, al igual que le ocurre a la torta del Casar, estos quesos maduran en forma de crema. Existen otros ejemplos que siguen esta técnica como el Ficu y el Ficaccio, ambos italianos; o el queso azul de hoja asturiano, que además de cuajarse se deja madurar envuelto en hojas.