Quique Llopis mira cada día un poquito más alto. Un día descubrió que los mejores no estaban tan lejos, y en París, en los Juegos, cuando se quedó a las puertas del podio olímpico, ya comprobó que los tenía a tiro. El valenciano siguió creciendo en 2025 y, al final de la temporada, debuta en el Mundial, en un Estadio Nacional atiborrado de público, y después de hacer una salida un poco insegura por la calle 1, avanza y, sin arriesgar, asegurando el paso por cada valla, entra primero con una marca de 13,22s, dejando atrás al estadounidense Tinch Cordell, el líder del año (12,87s). Entre las cinco series, solo dos rivales, los jamaicanos Mason y Bennett, han corrido más rápido que él.

El vallista de Bellreguard, un tallo de 1,90 que parece algo más corpulento que el año pasado, solventa su serie con suficiencia y mantiene su rictus habitual, como si no hubiera hecho nada del otro mundo. La excelencia convertida en algo cotidiano “La verdad es que estaba muy tranquilo, como si estuviera en un entrenamiento y me he tenido que activar”. Atrás, muy atrás, quedó la angustia del pasado, las vallas que parecían crecer a su paso, y ahora llega la noche previa a la carrera y el alumno al que ha modelado Toni Puig desde que era un niño duerme 11 horas del tirón, como un bebé. La tarde tokiota sonríe a la selección española y, salvo un par de excepciones, los atletas llegan muy sonrientes al desfiladero de la prensa, donde expresan sus emociones. Asier Martínez, que ha caído en las series de los 110m vallas, en el mismo estadio donde se convirtió en finalista olímpico, mastica como puede la frustración. O Jesús David Delgado, que no puede avanzar hasta las semifinales de los 400m vallas pese a volver a bajar de los 49 segundos. Adrián Ben, era cambio, sonríe feliz. Lo ha vuelto a hacer. El gallego de Viveiro, un atleta que en los 800m alcanzó todas las finales posibles, desde los Juegos al Mundial y el Europeo, se pasó a los 1.500m, la distancia que embruja al aficionado español, y después de un periodo de aprendizaje vuelve a entrar en una final, el sitio de los elegidos. Una muesca más con solo 27 años.