Nadie mejor que los jugadores meritorios, los más humildes, para recordar a las figuras el solfeo de los equipos campeones y recuperar la senda de la victoria incluso en escenarios insospechados como el Johan Cruyff. Fermín y Ferran Torres, dos futbolistas tan generosos como resolutivos, sostén del equipo en los momentos de apuro e intercambiables en los de éxito, auparon a un enérgico Barça ante el siempre apocado Valencia. Los muchachos de Corberán ni siquiera dispararon a portería, acostumbrados ya a las goleadas en sus citas ante los azulgrana, que completaron un excelente encuentro a partir de la jerarquía de Fermín y Ferran. La noche resultó especialmente gratificante para el Barcelona por la belleza de los goles, por el regreso un año después de Marc Bernal, por la pulcritud de los defensas y por un marcador que evoca las jornadas de mayor bonanza desde la llegada de Flick.

La alineación de Flick ofrecía muchas lecturas por las lesiones (De Jong, Balde, Gavi), por las secuelas de virus FIFA (Lamine) y por una declaración del entrenador a la salida del último partido disputado en Vallecas. Afirmó el técnico que “los egos matan el éxito” y desde entonces seguramente se mirará más a menudo a un banquillo en el que anoche estaban jugadores como Olmo y Raphinha —el brasileño llegó tarde a la charla táctica— además de Lewandowski y Araujo. La mayor novedad en una formación con hasta seis cambios era el debut de Roony, que formó en ataque con Ferran y Rashford, un trío muy diferente al que la temporada pasada conquistó la Liga, la Copa y la Supercopa.