Los tres goles del extremo y el fútbol exquisito del centrocampista coronan una actuación muy completa de los azulgranas ante un rival que no puede atacar después de ser sometido en defensa
Lamine Yamal irrumpió en pleno ramadán para recodar su condición de futbolista genial que juega igual de bien por la tarde que por la noche, y puede que incluso por la mañana, independientemente de si come o bebe poco, mucho o nada, delantero capital para que el Barça vuelva a ser el equipo reconocible que cautivó al fútbol la temporada pasada con la llegada de Flick. El extremo recuperó la puntería de forma tan contundente que marcó tres golazos, una cifra inédita en su currículo de 18 años, lo nunca visto en tiempos del juvenil Messi, y demostró que vale por tres, por el trío de delanteros que llevaba tres jornadas sin marcar, convertido ya en el pichichi del equipo con 18 goles, dos más que Ferran. La exigencia del rival y la importancia del momento por los partidos que vienen —Atlético, Athletic y Newcastle— agrandaron la solemne actuación de Lamine ante la excitación del Camp Nou.
Alrededor del excepcional Lamine, el Barcelona completó un muy buen partido ante un visitante que se le suele dar mal como el Villarreal. Jugaron los azulgranas como una unidad, más compactos, sólidos y mejor estructurados que en sus últimos partidos, mejor posicionados a partir de Bernal ante la ausencia de De Jong. La responsabilidad y la concentración mezclaron tan bien que apreció un equipo que apenas concedió ocasiones en el partido 100 de Flick. Los barcelonistas despejaron dudas y ganaron confianza en una tarde que ni pintada para reafirmar su liderato y preparar de la mejor manera la visita el martes del Atlético. Los goles de Lamine, la feliz recuperación de Pedri, la ambición de la generación del 2007 —Lamine, Bernal y Cubarsí— y la voracidad de Fermín despertaron la ilusión que parecía extraviada en el Barça.






