Cocina española de subsistencia en su máximo esplendor, los repápalos son una especie de bolitas fritas pensadas para aprovechar el pan seco y transformarlo en algo sustancioso. Son típicos de Extremadura, de probable origen judío, y por si no tuvieran ya un nombre espectacular, en su tierra tienen otros igual de buenos para denominarlos: sapillos, güevecillos, papones, arrepápalus, rempámpanus o cagajonis.

Los repápalos salados -que también los hay dulces- llevan casi siempre pan, huevo, ajo y perejil, a los que se pueden añadir otros ingredientes como jamón, torreznos, cebolla, garbanzos cocidos o especias varias. Una vez fritos, en la actualidad se suelen servir en una salsa de tipo española, al estilo de las albóndigas, pero si te da pereza prepararla las puedes acompañar con alguna salsa en conserva o tomarlos sin ella, a modo de buñuelos.

En mi receta, que publiqué en el libro Cocina de aquí para gente de hoy, les cuelo berenjena al estilo de las polpette del sur de Italia para introducir verdura y potenciar la cremosidad. También propongo el queso curado como alternativa al jamón por si quieres unos repápalos vegetarianos. Si ambas cosas te parecen un sacrilegio contra la cocina popular extremeña, no las hagas y fin del drama.