Irlanda lleva más de una década intentando asimilar lo ocurrido en los hogares materno-infantiles que funcionaron en el país entre los años veinte y los noventa del siglo pasado. Gestionados por religiosas católicas, y sup...
ervisados y financiados por el Estado y las familias de las internas, su objetivo teórico era atender a las madres solteras, repudiadas socialmente y expulsadas con frecuencia del hogar familiar, y cuidar de sus hijos. En la práctica, sin embargo, en muchos de ellos —especialmente en las primeras décadas—, estas mujeres, vistas como criaturas descarriadas, eran explotadas, y sus hijos, entregados en adopción, no siempre con la autorización materna. El tema, que no ha dejado de rondar la actualidad irlandesa desde que estas instituciones se cerraron, volvió a ser noticia en 2014, cuando una historiadora local, Catherine Corless, averiguó que en uno de esos hogares, el de la localidad de Tuam, creado en 1925 y clausurado en 1961, más de 800 niños y bebés habían sido enterrados sin identificar y en una antigua fosa séptica. El escándalo alcanzó proporciones gigantescas y obligó al Gobierno a crear una comisión de investigación. El descubrimiento vino a confirmar además la elevada mortalidad infantil que se registró en esas instituciones y la escasa consideración que merecieron a sus gestoras estas pequeñas víctimas.






