Una comisión independiente de expertos ha pedido este jueves al Gobierno de Países Bajos reconocimiento y apoyo para las cerca de 14.000 madres solteras que fueron obligadas a dejar a sus hijos en adopción entre 1956 y 1984. En un informe entregado Gobierno en funciones, califican de “tormenta perfecta” las presiones ejercidas por parte del Estado, la Iglesia —tanto la protestante como la católica— y las propias familias sobre las mujeres, muchas de ellas muy jóvenes, para que renunciaran a sus hijos al tacharlas de inadecuadas por no estar casadas. La comisión ha pedido al Ejecutivo que incluya lo sucedido en el Canon histórico nacional, un libro que recoge los 50 temas que deben tratarse en las escuelas entre los 8 y los 14 años.

Que se haya señalado el Canon histórico como el lugar para relatar lo ocurrido con las adopciones forzosas no es casualidad. En esa lista aparecen capítulos tan dolorosos como el pasado colonial y esclavista del país, y de este modo se eleva a categoría de trauma nacional que no debe olvidarse el padecido por las madres y sus hijos, además de los padres. Porque mientras las mujeres eran forzadas a romper el lazo biológico natural con sus bebés, los padres fueron ignorados. “Y muchos estaban dispuestos a cuidar a sus hijos junto con las madres”, ha dicho el pedagogo Micha de Winter, durante la presentación del informe.