Más que el potro, la verdadera tortura para los niños en la asignatura de gimnasia es tener que hacer ejercicios de coordinación: realizar un movimiento vertical con un brazo y otro circular con el otro, por ejemplo. El cerebro humano se acaba liando. Pero los pulpos pueden hacer una cosa con cada uno de sus ocho brazos o patas. Un estudio publicado en

O suscríbete para leer sin límites

74-y" target="_self" rel="" title="https://www.nature.com/articles/s41598-025-10674-y" data-link-track-dtm="">Scientific Reports muestra también cómo reservan determinadas extremidades para tareas concretas. Los autores de la investigación consideran que, a tenor de sus resultados, “el pulpo es un animal muy táctil: es más táctil que visual”.

Biólogos marinos de Estados Unidos han grabado a 25 pulpos (tres de ellos en la ría de Vigo), de tres especies distintas y en seis ecosistemas diferentes de Europa y América. Registraron más de 4.000 movimientos de sus brazos que les permitieron elaborar lo que llaman un etograma, un catálogo de conductas o acciones de la especie. Contaron 15 conductas (desde esconderse hasta aparearse) y 12 movimientos (desde levantarse a alcanzar algo) de sus ocho brazos que, a su vez, pueden tener cuatro deformaciones básicas, alargarse, encogerse, estirarse o torcerse. A la serie de multiplicaciones hay que añadir que cada deformación la pueden producir en la parte más cercana a la cabeza (proximal), media o distal, en el extremo.