La pantalla partida de la televisión al mediodía de este miércoles era una metáfora de la Francia actual. A la izquierda, la policía cargaba contra un grupo de manifestantes en la estación del Norte de París. Empujones, porrazos y gases lacrimógenos. A la derecha, un sonriente Sébastien Lecornu, exministro de Defensa, tomaba el relevo en el Palacio de Matignon de su predecesor, François Bayrou, como primer ministro. En la calle, ...

en las concentraciones organizadas por todo el país, muchos manifestantes gritaban contra el nombramiento de Lecornu. En el Palacio, la vida continuaba igual que en el último año, con un nuevo primer ministro (el quinto de la legislatura) que ha sido nombrado ignorando de nuevo a la izquierda —ganadora de las últimas elecciones legislativas— y sin garantías de que vaya a recibir el respaldo del Parlamento.

La única diferencia, más allá del perfil y el nombre del primer ministro, es que Lecornu tiene el encargo del presidente de la República, Emmanuel Macron, de llevar a cabo una negociación con la izquierda y la derecha para verificar el apoyo que tendrían los presupuestos, la primera etapa —y la más complicada— de su mandato. Y eso se notará, según ha adelantado él mismo en su primer discurso, porque habrá “una ruptura, no solo de forma sino también de fondo”. “Habrá que cambiar, ser más creativo. Menos técnico”, dijo, quizá abriendo la puerta a muchas más concesiones.