Freud escribió que es la novela más grandiosa jamás escrita. Albert Einstein dijo que fue lo más maravilloso que cayó en sus manos. Sartre apuntó que el “Si Dios no existe, todo está permitido”, que reflexionaba Ivan Karamázov en sus páginas, dio inicio a la corriente existencialista. Es la novela favorita de Jonathan Franzen. La que Albert Camus dedicó un capítulo en El mito de Sísifo. La que leía Lisa Simpson a Homer cuando estuvo paralizado. La que John Locke dio a Henry (Ben) en la escotilla de Perdidos. La que ha inspirado relaciones de hermanos tan dispares como los Incadenza de La broma infinita de David Foster Wallace, los Koubek del Intermezzo de Sally Rooney o los Bluth de la serie Arrested Development. Han pasado 145 años desde que se publicó, pero la huella de Los hermanos Karamázov sigue imborrable. Pensadores, películas y series psicoanalizan y homanejean sin descanso a esa ficción de más de 1.000 páginas dividida en 12 libros y un epílogo sobre el parricidio de un déspota en la Rusia rural del siglo XIX.

Mezcla de novela familiar y tratado humanístico, la última novela que publicó Fiódor M. Dostoievski se ha convertido un espejo ético y filosófico para los escritores del presente. El último en reflejarse ha sido el autor de origen vietnamita Ocean Vuong, la última sensación de las letras estadounidenses. El 17 de septiembre llegará a librerías El emperador de Alegría, su nueva novela traducida por Daniel Saldaña París para Anagrama tras el terremoto y fenómeno editorial que fue su debut, En la tierra somos fugazmente grandiosos, la carta a una madre analfabeta de un joven inmigrante gay.