Nestlé, el gigante suizo de la alimentación, despidió esta semana a su primer ejecutivo ―el consejero delegado, Laurent Freixe― por mantener en secreto una relación sentimental con una subordinada directa. El despido, sonado, tuvo lugar después de un solo año en el puesto, tras varias quejas anónimas en el canal interno de denuncias de la empresa por trato de favor, y dos investigaciones en las que Freixe no se cansó de negar el supuesto romance con la persona en cuestión, una directiva de Marketing que también ha dejado la empresa. El caso prendió el recuerdo del reciente escándalo de la kiss cam (cámara de besos) de un concierto de Coldplay en julio, que costó la cabeza a Andy Byron, el jefe de Astronomer.
Capaces de formar matrimonios y de romperlos, de animar los días en la oficina o de convertirlos en un horror, los romances en la oficina son algo más que material de refranes o quebraderos de cabeza personales. En una empresa, pueden dar lugar a conflictos de interés, favoritismos y desconfianza en los equipos de trabajo. Las habladurías sobre Freixe llegaron incluso a las reuniones de accionistas de Nestlé y la ocultación reiterada y deliberada del primer ejecutivo puso en tela de juicio la gobernanza de una empresa que, para más inri, no pasa su mejor momento: las ventas aflojan, las acciones se han depreciado un 40% desde 2022 y, solo en el último año, ha tenido tres consejeros delegados.
















