La confesión del cliente llegó días después de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) cargara con su esposo. “Te voy a decir la verdad”, le anunció el cliente. “Nadie te quiere dar camiones porque todos saben que Tony está detenido y tienen miedo a que te quedes con el dinero de lo que hacemos y no nos pagues”. Las cosas han cambiado últimamente: ahora es ella, Jessica Ruiz, una mujer de 35 años, quien está al frente del negocio familiar de camiones de carga All Coast Express, encargado de transportar de California a Miami todos los vegetales que luego compran los locales en los mercados de la cadena Publix, o consumen los vacacionistas en los cruceros que parten del Sur de la Florida, o que se sirven en las muchas escuelas del condado.
Una mañana, a Jessica le llegó otra noticia aplastante de parte de su mejor cliente. “Me dijo: lo siento, entiendo la situación, pero prefiero seguir cuando Tony salga”. Otro le dejó saber que le daría “un voto de confianza”, pero solo si le hacía un pago rápido. Jessica accedió. “Necesitaba que confiara en mí, en el buen trabajo que voy a hacer”. En un negocio destinado a hombres fuertes, capaces de pasar varios días en carretera, lidiar con la falta de sueño, las transacciones y los dólares, Jessica es casi una extraña. “En la industria de los camiones, desgraciadamente nosotras las mujeres tenemos el cartel de que no podemos, no somos bien vistas, creen que no lo vamos a hacer bien. Este, supuestamente, es un trabajo para hombres”.







